Entrevista a Salvador
Sanz, historietista y docente del
barrio de Almagro
“Muchas de mis historietas
rescatan la mística de la ciudad”

Desde los noventa, un dibujante
del mundo de la historieta da que hablar.
Su nombre es Salvador Sanz, uno de los grandes
hallazgos de este género. Comenzó
a publicar sus obras en revistas independientes,
como Catzole. Más tarde,
su trabajo se inclinaría hacia el
mundo de la publicidad. La actualidad lo
encuentra como docente en el Espacio
Cultural Julián Centeya,
dentro del programa de talleres gratuitos
organizados por el gobierno. Por si esto
fuera poco, este año sus trabajos
pueden ser vistos en la Feria Internacional
de Frankfurt, donde la ciudad de Buenos
Aires posee un puesto. Por todos estos motivos
y más aún es que entrevistamos
a este vecino de Almagro.
Dueño
de un estilo único, su línea
nos retrotrae a grandes maestros del noveno
arte, además de poseer un modo inconfundible
de relatar historias. Todo esto lo posiciona
como un historietista íntegro. Con
un gran acento en la ciencia ficción,
sus relatos nos sumergen en mundos fantásticos,
donde la imaginación de este autor
aflora en seres extraordinarios y realidades
que escapan a la razón. Sin embargo,
las narraciones de Sanz comienzan con escenas
cotidianas de su barrio y la ciudad, para
luego dar rienda suelta a las transformaciones
más fantásticas de la realidad
¿Qué lo inspira? Quién
mejor que él para responder a esto
y repasar su vasta carrera.
¿Cómo
se te dio por ser dibujante?
¿Qué leías de chico?
Siempre me gustó dibujar y leer historietas.
De chico tuve la suerte de conocer a El
Eternauta, ahí pasé a la historieta
adulta. El paso a dibujante profesional
fue de a poco. Empecé dando clases
de plástica en escuelas primarias,
luego dibujando para productoras de publicidad
y de a poco realizando otros trabajos como
fondista de otros historietistas, animación
para comerciales y películas, entre
otros. Ahora sigo con la publicidad y publico
mis historietas en la revista Fierro, que
sale todos los meses como un suplemento
de Página/12.
¿Cuales fueron
tus comienzos?
¿Participaste en exposiciones?
Estudié Bellas Artes y de chico iba
a un taller de plástica. Expuse en
varias muestras y con las historietas participe
de todos los Fantabaires, que era un evento
multitudinario de historietas y cine. Eso
fue por los noventas y el más grande
se llego a hacer en La Rural.
¿Participaste
en revistas independientes?
¿Publicaste libros?
Publiqué mucho tiempo en Catzole,
que hacíamos con amigos. Editábamos
nuestras propias historietas y seleccioná-bamos
el material como editores. Luego la vendíamos
nosotros mismos. Era algo muy artesanal,
aprendí mucho del oficio de la edición.
Por ahora tengo dos libros de historietas
publicados, Legión
(2006) y Desfigurado
(2007). Y viene en camino Nocturno que saldrá
antes de fin de año. Lo vamos a presentar
en Animate 09, una exposición de
historietas que se hace el 20 de noviembre
en el Centro Municipal de Exposiciones de
la Ciudad de Buenos Aires.
¿Cómo
empezaste a enseñar dibujo en el
Centeya?
En el Centeya arranqué en 2001 junto
a un taller de dibujo. Con el tiempo me
quedé solo con este taller porque
es lo que más me gusta enseñar.
¿Te ayudó
a crecer como dibujante?
Mucho. El hecho de enseñar y repetir,
me recuerda conceptos que a veces olvido.
Y también se aprende mucho mirando
a los alumnos. Aparte, siempre estoy tratando
de mejorar y continúo aprendiendo
a dibujar. Aprender es algo que nunca se
acaba; nadie sabe todo lo referente a un
tema.
¿Cómo
es esto de cerrar el curso con una publicación?
Es el ejercicio final. Una historieta terminada
completamente lista para publicar. Todo
ese material se recopila en una revista
que editamos, se llama Difícil que
el chancho chifle y el número que
saldrá a fin de año será
el décimo primero. Quiero que los
alumnos entiendan el tema de la edición
de una forma artesanal. Muchos de ellos
cuando abandonan el taller sacan sus propias
revistas independientes.
¿Qué
aspectos positivos tiene que en la ciudad
se organicen cursos gratuitos?
Le da la posibilidad a gente que no puede
pagar un taller privado, acceder a este
conocimiento y juntarse con los que están
en la misma.
En tu obra hay muchos
paisajes porteños...
¿Qué te inspira la ciudad
para dibujar?
Es el lugar donde vivo y está lleno
de lugares y recuerdos que me movilizan.
Creo que como todo espacio tiene una mística
especial y lo tomo como el escenario para
muchas de mis historias. Trato de dibujar
lugares reconocibles pero no muy explotados.
En Nocturno dibujé el Café
El Molino y la Flor Gigante de Recoleta.
Luego, la historia se traslada a otras partes,
aparece el Instituto de Radioastronomía
que está en el Parque Pereira Iraola,
camino a La Plata y la historia termina
en Puerto Madryn. En mi anterior historia,
Legión, aparece el Abasto,
el Planetario y algo muy sutil de las Galerías
Pacífico.
¿Cómo
fue hacer ilustraciones para la feria de
Frankfurt? ¿Cómo se dieron
las cosas?
Salió a través del Gobierno
de la Ciudad. Este año la Argentina
tiene un espacio importante allí
y se armó una muestra de poesía
ilustrada por gente del medio de la historieta.
Por suerte pude elegir la poesía,
y opté por una de Alejandra Pizarnik,
que tiene una carga muy oscura, ideal para
mis dibujos.
¿Qué
consejo le das a quien comienza a dibujar?
Esto es una profesión como otras.
No se dejen llevar por aquellos que piensan
que no se puede vivir del dibujo, que no
es un trabajo. Hay que esforzarse mucho
para llegar a tener un estilo identificable
y personal. Además de mucho oficio,
hablo de aprender a dibujar la figura humana,
la perspectiva, la iluminación. Alcanzar
eso lleva tiempo para la mayoría,
exceptuando algunos virtuosos, que son los
menos. Luego uno tiene que encontrar el
área que le interesa. El panorama
es amplio: se puede trabajar como ilustrador
de libros, tatuajes, publicidad, historieta,
humor gráfico, retratos, caricaturas,
galerías, entre muchos otros caminos.
Juan Manuel Castro
[email protected]
Revista El Abasto, n°
115, noviembre, 2009.